miércoles, 21 de abril de 2010

Ayer...


Me lié... digamos que la manta a la cabeza...

Me fumé... pongamos que el polen de esta puta primavera..

Me olvidé... de la vida por un rato, sin pensar siquiera, que avanzando por la vida de puntillas, vendía mi quizás, el aún, tu todavía...

Caí... en el redil de mis vicios, me propuse... como virgen de mi propio sacrificio...

Eché... sal a mis heridas, azúcar a mis hipoglucemias suicidas...

Calmé... con vinagre mi sed, me tapé los ojos para poder ver...

Y así, me fue pasando el día, así, me fue violando la noche, entre ruidos de sirenas que gritaban desde los coches...

Así... me rendí al cansancio, entre sudor y u n calor que no calmaba...
A golpe de nudillos desangrados contra el gotelé...
Vencida por la ausencia de valor... Por el peso del recuerdo...
Derrotada por el grito que se ahoga en mi garganta... El grito del silencio

viernes, 12 de marzo de 2010

En su ventana...


Se despertó con el ruido de la lluvia en el cristal, otra vez. Miró el despertador, bebió un sorbo de agua y dio media vuelta. Cerró fuerte los ojos, pero seguía oyendo ruido, los coches circular sobre la calle mojada, el ruido de la lluvia en los charcos, el viento silbando, aporreando la ventana.

Se había desvelado, mierda. No debería haberse dejado la persiana levantada. Se puso boca arriba y miró resignada a la ventana. Aprovechó para ir al baño, rellenó el vaso de agua, y fue a bajar la persiana.

Cuando estaba cogiendo la cuerda de la persiana oyó unas voces en la calle. Podía ser cualquiera, podía no haberse fijado, no haber prestado atención, podía haber imaginado que eran sólo unos borrachos, pero no fue así. Se escondió entre las cortinas, y lo vió.

No alzaba la voz, no gritaba, pero su voz parecía crispada, estaba rozando esa fina línea que separa la cordura controlada y fingida del depredador ante su presa, de esa otra cara, la real, la desbordada de pasión y celos, de orgullo y necesidad de sumisión, de esa clase de "amor".

Observaba la escena controlando su respiración, para intentar escuchar todo lo posible, pero los latidos de su corazón retumbaban en su garganta, atragantándosele.

La agarraba con fuerza por el brazo, de manera autoritaria, y le hablaba con la frente pegada a su pelo, con cara de desesperación, intentando que ella entendiera, que comprendiera. Ella lloraba, apartaba su cara de él, y se mordía el labio inferior.

Creyó que sus miradas se cruzaron, y se escondió tras la cortina, esperó unos segundos, y volvió a asomar un ojo. La escena había cambiado un poco, él lloraba desconsolado, ella también, pero intentaba calmarlo, cogía su cabeza entre sus pequeñas manos, él se arrodilló. No lograba escuchar nada, pero le pareció que le estaba pidiendo perdón. La chica se llevó la cabeza al pecho, su melena morena se entremezclaba con la lluvia y las lágrimas, y ocultaba su cara. Le pareció que la chica estaba ahogando su llanto y un grito de auxilio, dirigido a su ventana.

Se sentía paralizada tras la cortina, se dió cuenta de que sus pies descalzos estaban en tensión, con los dedos contrahídos, fríos, toda ella estaba helada. Volvió a mirar al exterior.

El chico la besaba con fuerza contra la puerta del coche, la tomaba con pasión, con desespero, la devoraba, la acariciaba rápido, entera, con ansia, mientras ambos lloraban. El lo notaba, ella le huía, se apartaba, y el insistía con más ganas, con mayor desesperación, la golpeó. Ella optó por colaborar, dejándose hacer, sin oponer resistencia, muriendo en vida bajo la lluvia de madrugada.

No quería ver más, se metió en cama llorando, se tapó con la almohada los oídos, no quería oír, no quería haberse despertado, volver a ver algo parecido. Pero los ruidos seguían entrando en su cabeza, las imágenes pasaban como una película. Oyó las puertas del coche, y a éste alejarse en la noche.

No había hecho nada, había sido testigo muda, partícipe del teatro de ese hijo de puta con su silencio. Miró de nuevo el despertador, sintiéndose el ser más pequeño del mundo, hoy no iba a dormir más.

martes, 9 de marzo de 2010

Siempre amanece

Anoche

Anoche me invadió de nuevo el frío de la duda, el aliento en la nuca que te deja el alma helada, desarmada.
Anoche sentí temor al miedo, miedo al pánico, pánico al desasosiego de la ansiedad, a derrumbarme ante mí misma.
Anoche, bajé del todo la persiana de mi cuarto y me senté en el suelo a esperar al día, sin darme cuenta que si no enfrentas la noche no verás cuando amanece.

Aunque no podía dormir me negué a no soñar, y soñé despierta con una realidad paralela donde lo imposible fuera posible, y a medida que soñaba, ambas realidades se fueron entremezclando.

Soñé que el frío quemaba, y recordé la sensación de la piel expuesta al hielo, soñé que las lagrimas no existían, xk no había penas, pero recordé las lagrimas de alegría cuando algo te acaricia el alma, el llanto de un recién nacido cuando se enfrenta al mundo. Me inventé un cielo de colores, que rompiese con el azul efecto del defecto, y pensé en los atardeceres naranjas, rojos, amarillos, donde parece que el cielo arde ante la pasión desbordada del sol, la negrura de la soledad de la noche, violada por la pureza de la luz de luna, de los destellos de las estrellas.

Seguí durante un rato, imaginando mi realidad inventada, quise caminar descalza sin sentir frío ni dolor, y rememoré ese primer día de verano, cuando hundes los pies en la arena, el primer día de primavera descalza por el campus, acariciando la hierba con los dedos.

Cuando acabé de imaginar, me di cuenta de que nada es imposible, sino que depende de la posición que uno mismo adopte frente a la realidad.

Levanté la persiana y abrí la ventana, esperando al amanecer.

Yo he decidido reinventarme la mía. Y sé que puedo hacerlo.

domingo, 7 de marzo de 2010

el regalo más hermoso que a los hijos da el Señor, es su madre y el regalo de su amor...


No puedo explicar un sentimiento así, pero haré un intento por explicar mis sensaciones a lo largo de mi vida como cofrade, quizás así algunos os acerquéis un poquito a esta parte de mí, y ojalá llegueis a sentirlo, aunque sea en una mínima parte.
Empecé a vivir la Semana Santa a medida que crecía, es difícil no hacerlo siendo ferrolana. En el Tercio de la Virgen de la Piedad aprendí a saborear los momentos, la sensación del Jueves Santo, saber que has esperado un año por ese día, y que por fin ha llegado. Me vestía con el hábito despacio, primero las medias, el sayal, el fajín, la capa, la medalla, los guantes, y el capuz... En la soledad que me proporcionaba mi capuz de terciopelo, sentía que mi respiración se agitaba, que el corazón latía con fuerza debajo de mi sayal, el olor a incienso en el aire, el solo de corneta, seguido de los redobles de tambor, y me sentía con Ella, la sentía en mí.

Cuando nos preparábamos para salir éramos conscientes de que quedaban horas por delante, y yo quería aprovechar cada minuto. Lo bueno de la noche del Jueves Santo es el momento de la retirada, yo tenía mucha suerte, iba acompañando a la Virgen de la Piedad, todos la esperaban a ella, y el momento en que llegábamos, abriéndole paso, es indescriptible... la Virgen se encontraba con el Cristo... no se puede explicar con palabras, la música empezaba a sonar, todo el pueblo empezaba a cantar, "una madre no se cansa de esperar".

La procesión del Viernes Santo, la de "os caladiños", en un silencio respetado por todos, por niños y mayores, por mujeres y hombres, por todos, todos respetamos ese silencio, esa oscuridad que reina en las calles, solo violada por la luz de los hachones, por la luz de las velas... ver los tronos en la plaza, y cantar la Salve...

La verdad es que si lo pienso soy egoísta, pero año tras año la acompañé con una petición en mi cabeza, se lo pedía en silencio, mientras la acompañaba, se lo gritaba al cantarle en sus retiradas, y ahora año tras año se lo agradezco acompañándola, queriéndola.

Es muy dificil explicar lo que siento, son muchos momentos juntos a lo largo de una semana, son sensaciones, son vuelcos del corazón al sentir una melodía, al ver el esfuerzo de los portadores, ver como el cansancio no puede con ellos, porque se sienten afortunados de portarlos. Es la carne de gallina al ver a mujeres mayores, a chicas jóvenes, a señores, a niños, a hombres adultos, llorando de emoción al cantarle a la Virgen, al ver al Cristo.

Para muchos son simples imágenes, para nosotros son parte de nuestro ser, son parte de nosotros mismos, de nuestra historia, de nuestra tradición, de nuestras familias. Son respeto, amor, devoción, esfuerzo, alegría, agradecimiento, cultura, orgullo, disciplina, compañerismo, hermandad, fe. La gente puede preguntarse cómo puede generar tantas sensaciones esas imágenes, es algo parecido a cuando sientes muy dentro unos ideales, luchas por ellos, porque los sientes, porque son una parte de tí, que reflejas en tu día a día.

Para mí, el amor que siento hacia la Virgen de la Piedad no es comparable con nada, no es algo que se pueda explicar, como no se puede explicar el amor a una madre. Es algo tan fuerte, tan bonito, tan desinteresado, que hace que cada vez que la veo, engrandecida, portada a hombros, tan bella, no puedo evitar que las lágrimas afloren, y esa sensación es tan gratificante, tan pura y limpia, que ojalá todas las personas que quiero llegárais a sentirla.


Cuántas veces siendo niño te recé, con mis besos te decía que te amaba, poco a poco, con el tiempo, olvidándome de tí, por caminos que se alejan, me perdí...por caminos que se alejan me perdí...

Hoy he vuelto, madre a recordar, cuantas cosas dije ante tu altar, y al rezarte puedo comprender, que una madre no se cansa de esperar... que una madre no se cansa de esperar...


Al regreso me encendías una luz, sonriendo desde lejos me esperabas, en la mesa la comida aún caliente y el mantel, y tu abrazo en la alegría de volver...y tu abrazo la alegría de volver...

Hoy he vuelto, madre a recordar, cuantas cosas dije ante tu altar, y al rezarte puedo comprender, que una madre no se cansa de esperar... que una madre no se cansa de esperar...



Aunque el hijo se alejara del hogar, una madre siempre espera su regreso, que el regalo más hermoso que a los hijos da el Señor, es su madre y el regalo de su amor...

domingo, 28 de febrero de 2010

Yo no podría haberlo dicho mejor



Llevaba un rato con la mirada perdida, taladrando el cristal de la ventana. Daba vueltas a la taza de té caliente que tenía entre las manos, en un vano intento por entrar en calor; las gotas de lluvia tras el cristal hacían que el frío le invadiera el cuerpo, produciéndole escalofríos en el alma. En un acto reflejo, se apretó el poncho contra el cuerpo.

Estaba tranquila, en una paz extraña que la tenía adormilada, vagando por la casa como levitando, sin hacer ruído, sin que se notase su presencia. Se sentía incoherentemente serena, con ligeros cosquilleos que aparecían en su interior por momentos, y hacían que se le atragantase el corazón... unos segundos... y otra vez paz.

Llevaba así varios días, en una fase tan cercana a la felicidad que sintió miedo, miedo a sentir de nuevo, a dejar entrar en su interior, donde es tan vulnerable, tanto que un suspiro bastaría para hacer que se volviera a quebrar.

No había razón para sentir miedo, lo sabía, pero no podía evitarlo, iba en su naturaleza, o por lo menos eso le habían hecho creer. Haciendo un gran esfuerzo desechó esa posibilidad de su mente, no quería abrir esa puerta de su interior, la de las inseguridades y los miedos, y al cabo de un rato, la tranquilidad acompasada de cosquilleos volvió a invadirle.

Las gotas de lluvia golpeaban con furia el cristal, cada vez más fuerte, pero ya no sentía frío. El viento parecía enloquecer de rabia al ver su impasibilidad, y arremetía cada vez con más ganas intentando alterar el orden de su refugio. Pero ella no se inmutaba, estaba a salvo, lo presentía.

Miró altiva al exterior, el tiempo se calmó vencido, derrotado por un ser tan frágil, que pareció darle vergüenza y dejó paso a un rayo de sol, que entre las nubes parecía llegar directamente a su ventana, parecía colarse en su taza de té aún humeante.

-Ey, date prisa, llevas una hora ahí pasmando. Porqué sonríes?

-La verdad es que no lo sé.

-Qué rara eres. Bueno apura, aprovechemos que salió el sol.

-Yo no lo podría haber dicho mejor...

lunes, 25 de enero de 2010

De lo que tengo y no tengo



Tengo el alma desgastada de querer, el corazón a trocitos, anclados en el ayer...

Tengo la mente saturada de recuerdos, y el ser vacío de sentimientos...

Tengo aún muchas heridas, demasiadas llagas, y no tengo valor para amarte como me pides que lo haga...

Tengo todavía un olor impregnado en mi piel, y en mi boca ese sabor a miel...

Tengo una estancia pagada en un centro de desintoxicación, uno de esos sitios donde te parchean el corazón...

Tengo ganas de parar las horas, los minutos, los segundos, ganas de pedirte que pares el mundo, de decirte que me bajo contigo, que sin tí tirito, me hielo, y me muero de frío...
Que se baje el telón y que te regalo mi corazón, que me devuelvas las alas y volemos al alba hasta tú rincón...

Tengo ganas de gritarle al viento que se lleve volando mi miedo, que te traiga bañado de estrellas, que nos lleve volando hasta ellas.
Que me abraces despacio saboreando el momento, que no quede un espacio de arrepentimiento...


Tengo ganas de amarte, de quererte y desearte como tú lo haces, pero no tengo las fuerzas, y sólo con las ganas no llega...

Tengo el cuerpo magullado a causa de tantos daños...
Y tengo tan sólo 22 años...

miércoles, 20 de enero de 2010

Se me escapan los sueños



Foto: Donde se escapan los sueños

Me desvistió despacio, alternando besos en el cuello mientras desabotonaba mi camisa.
Me tuvo con cuidado, a ritmo acompasado, amándome sin prisa.
Yo seguía rígida, inmóvil, con la mirada perdida, luchando por moverme, por parecer que tenía vida, pero no podía...

¿Qué te pasa?
Nada...

Buscaba mis manos, mi boca, mi ombligo.
Creí volverme loca, me evadí de  mi cuerpo para irme contigo...

¿Estás bien?
Si...

Con un silencio que cortaba bajó por mi vientre, mientras yo te encontraba en algún oscuro rincón de mi mente.
Empecé a sentirte y mis instintos despertaron, de repente mis manos te buscaron, creí ver tu cuerpo y te besé con ganas.
Enloquecí al creerme entre tus sábanas...

Cuando acabó la locura una voz me trajo a la realidad, la habitación se volvió oscura, y comenzó la ansiedad.
Caí derrotada en mi trozo de colchón, me sentí sucia al sentir en mí su olor.
Abrazada a la almohada ahogué un llanto del que nadie se enteró, un aullido al alba, que nadie escuchó...